The Beatles buscan un sonido básico y planean una gira que se quedó en un concierto en un tejado

 

 

Ocurría a menudo que, cuando otros trataban de seguir a los Beatles, estos ya estaban en otra cosa. En 1968 desconciertan a los recién llegados a la psicodelia: se quitan los disfraces de la banda del Sargento Pimienta y dejan de arroparse por orquestas, sitares y efectos sonoros. Se proponen ser solo una banda de rock & roll. Reaparecen con el álbum blanco (titulado simplemente The Beatles, sin ninguna imagen en portada, en contraste con el barroquismo de Sgt. Pepper’s), toda una declaración de intenciones. Una treintena de bellas canciones casi desnudas, que se  trajeron del viaje a India, pero ya no suenan exóticas.

The Beatles se pasan al sonido más crudo que dominaría la década siguiente, los 70, en la que planeaban volver a tocar en directo. La tecnología había mejorado y el público ya no sería una masa histérica de fans, así que parecía una buena idea. Pero la banda está en descomposición. Hasta entonces el motor del grupo había sido la rivalidad entre Paul y John, cada uno queriendo superar al otro, tensión bien manejada por su manager Brian Epstein. Desde la muerte de este, es Paul McCartney el que toma las riendas del grupo y de su brazo empresarial. Lennon sigue aportando grandísimas canciones pero está cada vez menos implicado con la banda. Harrison está explotando como gran compositor y se rebela contra su rol de segundón. Hasta Ringo, en un berrinche, se ausenta de las sesiones del álbum blanco durante algunos días.

 

Existe un documento impagable del fin de los Beatles, que es la película Let it be. Los cuatro de Liverpool se dejan filmar día y noche mientras trabajan en el álbum del mismo nombre, y las cámaras captan la enorme tensión. Abbey Road, de 1969, es su última obra, el canto del cisne, su despedida, aunque la laboriosa producción de Let it be (y la excesiva edición sonora por parte de Phil Spector) hace que este álbum vea la luz después, en 1970. Para entonces ya es oficial la ruptura, anunciada por Paul el 10 de abril, y cada Beatle está en su proyecto. El fin entristeció a sus seguidores en medio mundo, pero fue una virtud del grupo saber cuándo terminar. No hay una obra olvidable de The Beatles; de continuar, tarde o temprano la habría habido. Quedó así una coleccion perfecta, el “grandísimo e irrepetible relato cerrado y maravilloso que son y serán para la eternidad” en palabras de Fernando Navarro. Estos son cinco momentos que ayudan a entender su etapa final.

 

Dos versiones de ‘Revolution’. En el año del mayo francés y otras revueltas, el Lennon que se está aficionando a los eslóganes canta a la revolución en dos versiones, una a modo de blues (la del disco), y esta (la del vídeo) mucho más rockera. Lennon bendice las protestas (“todos queremos cambiar el mundo”), pero algunos le acusaron de tibio por esta frase: “Si hablas de destrucción, sabes que no puedes contar conmigo”, si bien en la versión del disco añade después: “… o sí”. De ambiguo nada: al año siguiente John hacía campaña contra la guerra del Vietnam y lo siguió haciendo por muchas otras causas.

 

Concierto histórico, la gira que no fue. Lennon decía despectivamente de McCartney que hacía “canciones para abuelas”. Pese a esa etiqueta, Paul brilla con piezas de puro rock en los últimos años de la banda. La gira que planeaban quedó en un único concierto, histórico eso sí, en la azotea de las oficinas de su empresa Apple en Londres. El 30 de enero de 1969 a mediodía, sin previo aviso, ante una nube de curiosos y mientras la policía les deja, The Beatles interpretan cinco temas, entre ellos este Get back que aspiraba a ser el lema de la gira y del disco. Toca con ellos y es reconocido en los créditos (cosa rara) el teclista Billy Preston. Ni hubo gira ni el álbum se llamó así, sino Let it be. Un nombre más acorde al final que se estaba consumando. Déjalo así.

La irrupción de Yoko Ono. El 20 de marzo de 1969, en el peñón de Gibraltar, John se casa con la artista de vanguardia Yoko Ono, cuya omnipresencia a su lado en esos meses parece un factor desestabilizador para la banda (en este post se analiza el papel de Yoko como “bruja expiatoria”). A su regreso del enlace, John corre a reunirse con Paul para grabar esta canción, The ballad of John and Yoko, sin que participaran los otros dos. El irreverente John dice a Cristo: “Me van a crucificar”, consciente de cómo es vista la pareja. Es difícil saber cuánto influyó Yoko en la evolucion personal de John, que quizás habría estado desconectando de los Beatles de todas formas.

Grande y picado George. En un momento del filme Let it be, Harrison replica a McCartney en tono nada amable: “Tocaré lo que tú quieras. Y no tocaré si no quieres”. En su mejor momento como compositor, el tercer Beatle aporta joyas como While my guitar gently weeps, Something o Here comes the sun, pero aún se siente relegado. Otra de sus composiciones, este I me mine, se refería a ese choque de egos. Técnicamente es el último tema grabado por los Beatles, porque Paul, George y Ringo la terminaron en el estudio en enero de 1970, en uno de los cabos sueltos que había que atar para editar de una vez Let it be. Antes ya la habían tocado en este fragmento de la película, en el que John la baila con Yoko como si fuera un valls.

La traca final. Abbey Road se empieza a grabar en febrero de 1969, tras las sesiones inconclusas de Let it be, que habían dejado mal sabor de boca. The Beatles se emplean a fondo para dejar un gran álbum, aunque debe más a la suma de individualidades que al trabajo en grupo. En este tiempo, es frecuente que cada uno grabe por su cuenta, sin coincidir en el estudio. La cara B del álbum empalma diez canciones brevísimas y magníficas en uno de los momentos cumbre de la banda. ¿Eran conscientes de que era el adiós? “Nadie estaba seguro, pero todos lo intuían”, dijo su productor George Martin. Es decir, que sí. Los últimos versos tienen aroma a despedida (“Chico, tendrás que cargar con ese peso”) y el fin de los finales se llama The end. En dos minutos, cada Beatle protagoniza un solo (uno de batería, tres de guitarra) antes de que Paul cante con el resto a coro: “Y al final, el amor que te llevas es igual al amor que has dado”. Punto final. Broche de oro.

 

 

 

 

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      citando como fuente: Los 60 Principales.

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